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Cómo gestionar adecuadamente las propias emociones

 
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Cómo gestionar adecuadamente las propias emociones   PDF  Imprimir  E-Mail 
Escrito por Administrator  
03-09-2004
La moderna investigación de la inteligencia atribuye un importante papel al conocimiento de uno mismo y a la sensibilidad frente a otros. A principios de los años noventa, el psicólogo de Yale, Peter Salovey y su colega John Mayer de la Universidad de New Hampshire acuñaron para la inteligencia interpersonal e intrapersonal, el gráfico nombre de "inteligencia emocional", que abarca cualidades como la comprensión de las propias emociones, la capacidad de saberse poner en lugar de otras personas y la capacidad de conducir las emociones de forma que mejore la calidad de vida.

Sin embargo, el tema despertó la atención mundial gracias al psicólogo de Harvard, Daniel Goleman, de cuyo libro "Inteligencia Emocional", se vendieron en pocos meses, sólo en Estados Unidos, medio millón de ejemplares. Resulta evidente que el planteamiento de no considerar a la "fría razón" como medida de todas las cosas tocó un punto sensible de nuestros tiempos, aunque sea un concepto que apenas sorprenda al sentido común.

Salovey y Mayer defienden la tesis de que las cualidades por ellos descritas pueden aprenderse y desarrollarse. En primer lugar, esto se consigue mediante el esfuerzo por percibir de manera consciente las propias emociones y realizar un trato más consciente con las otras personas. Un esfuerzo que vale la pena, ya que la inteligencia emocional influye en todos los ámbitos claves de la vida, entre ellos, por supuesto, el profesional en el entorno empresarial.

El poder hacer una apreciación y dar nombre a las propias emociones es uno de los cimientos de la inteligencia emocional en el que se fundamentan la mayoría de las otras cualidades emocionales. Sólo quien sabe el porqué siente cómo poder manejar sus emociones, moderarlas y ordenarlas de forma consciente.

Según diversos estudios, dos de cada tres habilidades esenciales para conseguir la excelencia son emocionales, y estas últimas aumentan en importancia a medida que se asciende en la escala jerárquica, siendo totalmente esenciales en cuadros directivos.

La dificultad del aprendizaje emocional se encuentra en que las personas han desarrollado estrategias para enmascarar o dar otro sentido a las emociones desagradables o inaceptables. De manera automática, y sin que seamos conscientes de ello, sólo permitimos el acceso automático a nuestra consciencia de ciertas emociones, pudiendo anular otras. Al hacerlo, renunciamos a la oportunidad de saber más sobre nosotros mismos y, con la ayuda de nuestras emociones, poder tomar medidas más eficaces. Para ello, entre otras cosas, el entrenamiento en gestionar las propias emociones empieza por:

- Dejar de interpretar las emociones y someterlas a censura. Las emociones no son buenas ni malas, son información sobre nosotros mismos y nuestro propio bienestar.

- Aprender a prestar atención a las señales emocionales que el cuerpo emite en todo momento, y no sólo considerando los síntomas físicos sino, también, las señales cognitivas como la falta de concentración, irritabilidad, excitabilidad, cavilaciones o el vacío interior.

- Averiguar qué elemento desencadena la señal emocional.

Este análisis interiorista nos puede ayudar a sacar el mejor partido posible a las emociones y estados de ánimo. Si llegamos a comprender bien nuestros motivos y la influencia que ejercen sobre nosotros, estaremos en mejor situación para alcanzar la excelencia, tanto en nuestra vida privada como en nuestra vida profesional en la empresa. Y, realizando un ejercicio de comunalidad, si todos los miembros de una organización (o la mayoría de ellos) desarrollan la inteligencia emocional, la propia empresa actuará en base a los preceptos de la inteligencia emocional, lo que implicará un mayor conocimiento de los puntos fuertes y débiles de la organización, una mayor empatía con respecto a las necesidades y preferencias de los clientes (externos, internos, accionistas, ...), un mayor autocontrol organizativo, ..., aumentando de este modo su valor empresarial sostenible.


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