10-11-2004
El mercado de préstamos para pymes está adquiriendo una gran relevancia en Europa, pero se ve afectado por la información poco homogénea sobre los riesgos crediticios. Las agencias de calificación establecen ya ratings para calificar la solvencia de las empresas.Conocer el grado de solvencia de una pequeña y mediana empresa no es una información de fácil acceso para cualquier organismo, e incluso, en muchos casos, se convierte en un gran trabajo de investigación. El mercado de préstamos para pymes está incrementando su actividad a pasos agigantados, pero se ve afectado por una información sobre riesgos crediticios incompleta y poco uniforme.
En España, las entidades hacen sus propios ratings, aunque no son homogéneos entre las diferentes instituciones financieras. En este sentido, Standard & Poor’s Risk Solution, proveedor de servicios de análisis de riesgos crediticios, ha lanzado un servicio de calificación de solvencia para las pymes españolas. “Es una calificación distinta a la usual y se realiza con letras minúsculas a diferencia de la habitual que emplea las mayúsculas. En España hay 230.000 compañías que ya están valoradas a través de este sistema”, comenta Emanuel Salinas, director asociado de S&P Risk Solutions.
El rating se realiza tomando de la empresa información financiera y no financiera. Las variables dependerán del sector en el que se enmarque el negocio, ya que una compañía de construcción no tiene los mismos perfiles de riesgo que una de servicios. Pero en términos generales, se mide la rentabilidad, la liquidez, el nivel de deuda y el tamaño de la compañía. Además, para las pequeñas y medianas empresas se tiene en cuenta la macroeconomía, la edad del negocio, el riesgo de la compañía y la industria.
Dentro de este rating no todas las variables ponderan por igual, ya que, por ejemplo, los ratios financieros pesan un 80% en la calificación, frente al 20% de los no financieros. Una de las principales variables que mide esta agencia de calificación es la cobertura de interés relacionada con el cash flow –el flujo de caja de la empresa–. Es decir, el resultado entre el dinero que genera una compañía y las veces que puede cubrir los intereses que tiene por pagar con esa cantidad. De esta forma, se sabe si la compañía sería capaz de pagar la deuda a corto plazo, que hay que abonar antes. Otra de las variables es la proporción de gastos operativos con ingresos. Da una respuesta clara respecto a cómo es de sustanciable el modelo de negocio.
Tras analizar todas las estadísticas, Standard & Poor’s proporciona un indicador sobre la probabilidad de que la empresa falle en sus pagos y un rating estimado, indicando su probabilidad de incumplimiento para los próximos doce meses.
El perfil de la empresa que solicita este rating suele ser una compañía que tiene unas ventas de 250.000 euros anuales con cuatro años de vida. Son pymes grandes, pero que no cotizan en bolsa. En la actualidad, Standard & Poor’s vende esta clasificación como una herramienta para los bancos y solamente en Alemania lo pueden solicitar las propias empresas. “En España a la pyme no debería de costarle nada, porque es el banco el que asume el coste de la calificación”, asegura Emanuel Salinas.
De este modo, este negocio puede compararse con el resto de empresas del mismo sector. Además, le permite realizar un análisis del escenario y planificar los diferentes problemas financieros que se le presente en un futuro.
La importancia del banco En España, todos los bancos hacen sus cálculos teniendo en cuenta la demora y la solvencia de la empresa, pero es una información confidencial, que no se da públicamente. Por el contrario, estas agencias financieras realizan una evaluación objetiva que puede conocer cualquier empresa, organismo o banco.
“Este parámetro sirve como una referencia para que las instituciones financieras puedan desarrollar sus negocios con las pymes, validar sus modelos internos y tomar decisiones puntuales respecto al riesgo de crédito, asignación de precios, requerimientos de capitalización y titulización de activos”, comenta Juan de la Mota, consejero delegado del Standard & Poor’s.
“En definitiva, esto debería permitir a los bancos una mayor facilidad a la hora de tomar decisiones de préstamos a pymes, ser más precisos al establecer los precios de los créditos y lograr una asignación más racional del capital disponible para estas empresas”, reiteró Emanuel Salinas.
La arroba Cuando una empresa sale al exterior necesita saber si la compañía que le va a comprar sus productos podrá cumplir con el pago. Para ello, necesita conocer la solvencia de la compañía extranjera. En esta misma línea trabaja la empresa Coface, que mide la capacidad que tiene una empresa para concluir con sus compromisos comerciales a corto plazo con sus clientes y proveedores.
A diferencia de las agencias de calificación, Coface da arrobas –@– en sus calificaciones. “Analizamos la capacidad de las empresas, en un momento determinado, para hacer frente a sus compromisos comerciales con respecto a clientes y a proveedores. Cinco niveles diferentes sirven para identificar las empresas que presentan una solidez financiera, indicando el nivel de riesgo máximo recomendado”, aseguran desde la compañía.
La calificación va desde la R, que tiene un nivel de riesgo máximo de 10.000 euros. hasta las cuatro @, que se otorga a las empresas que pueden hacer frente a un pago de más de 100.000 euros.
Una empresa puede puede consultar el rating de otra compañía, pedir que la califiquen o que se realice una calificación durante cierto tiempo.
Las claves de la clasificación Las agencias de calificación (Fitch, Moody´s y Standard & Poor´s) son un tipo de entidades que se encargan de catalogar las emisiones de renta fija en función de su riesgo. Es decir, son empresas especializadas en el estudio de la deuda a largo plazo y de otros títulos, a los que les da un rating. Cada firma tiene su nomenclatura, pero la clasificación básica es la siguiente: AAA: Es el instrumento con la más alta capacidad de pago del capital e intereses en los términos y plazos pactados, la cual no se vería afectada de forma significativa ante posibles cambios en el emisor, en la industria a la que pertenece o en la economía. Esta calificación denota una empresa con gran calidad en su estructura financiera y un crecimiento continuo y ordenado.
AA: Este rating recoge a las empresas con muy alta capacidad de pago del capital e intereses en los términos y plazos pactados, las cuales tampoco se verían afectadas en forma significativa ante posibles cambios en el emisor.
A: Esta calificación es para las compañías con muy buena capacidad de pago del capital e intereses en los términos y plazos pactados, pero que son susceptibles de deteriorarse levemente ante posibles cambios en el emisor.
BBB: Demuestra esta clasificación que la empresa tiene una suficiente capacidad de pago del capital e intereses en los términos y plazos pactados, pero ésta es susceptible de debilitarse ante posibles cambios en el emisor, en la industria a que pertenece o en la economía. La cobertura de los intereses y del principal parece adecuada en el momento presente, pero pueden fallar algunos elementos de cara a un futuro.
BB: Esta clasificación indica una capacidad moderada de reembolso de su deuda. La compañía podría ser susceptible de debilitarse ante posibles cambios en el emisor, pudiendo incurrir en retrasos en el pago de intereses y del capital.
B: La empresa que tenga esta clasificación tiene cierto riesgo e incertidumbre de reembolso de sus deudas. Tiene el mínimo de capacidad de pago del capital e intereses en los términos y plazos pactados.
C: La empresa no cuenta con la capacidad suficiente para el pago del capital, existiendo un alto grado de pérdida.
Patricia Vegas (www.expansion.com) |