30-09-2004
Pensemos concretamente en los cursos para titulados y directivos, es decir, en los que abordan soft skills y se organizan en grandes y medianas empresas, dentro del concepto de formación continua. Unas veces los solicitan los asistentes, pero quizá con más frecuencia se trata de programas institucionales en los que se ven inducidos a participar, por mor de cambios funcionales o culturales en marcha (trabajo en equipo, liderazgo, empowerment, etc.) o para genérico desarrollo de habilidades de dirección (comunicación, dirección de reuniones, presentaciones, etc.). Se participa con actitudes y objetivos distintos, y también son quizá distintos los objetivos con que se organizan. De entrada, los workshops celebrados en hoteles, a veces en régimen residencial, resultan obviamente más atractivos que los cursos on line que se siguen en el propio puesto de trabajo. De todo esto podemos hablar unos minutos.
Hay que empezar aceptando, como convendrá el lector, que el desarrollo permanente constituye una necesidad para el directivo joven, y que no solemos ser conscientes de nuestras necesidades al respecto. Nos falta autoconocimiento, autocrítica, y actitud y disposición para aprender continuamente. En algún caso, nos falta también confianza en las acciones formativas que se orquestan, debido a frustrantes experiencias. Nos falta incluso conciencia de las ventajas que introducen determinadas habilidades cognitivas y emocionales, y de los riesgos que comporta su carencia. Y más: nos falta el propio conocimiento de las habilidades de que estamos hablando.
De qué habilidades hablamos
Es verdad que los cursos todavía se orquestan en torno a tareas propias de los directivos o a macrocompetencias (presentaciones eficaces, reuniones eficaces, trabajo en equipo, liderazgo, escribir con eficacia, negociar con éxito...), pero la única manera de desarrollar una habilidad directiva empieza por identificarla. Quizá luego sigue por la autoevaluación, pero ha de saberse desde el principio de qué estamos hablando, si el lector asiente. Yo someto a su consideración algunas habilidades de tres grupos que me parecen fundamentales, aunque existan otras clasificaciones de las competencias, haya solapes entre ellas, y se pueda cuestionar también si una determinada (creatividad, intuición, etc.) es más cognitiva que emocional, o al revés.
Habilidades cognitivas
Manejo de conceptos, gestión de la atención y la conciencia, pensamiento analítico, perspectiva sistémica, capacidad de síntesis, creatividad, recurso a analogías, visión holística, reflexión, serendipidad...
Fortalezas intrapersonales
Autoconocimiento, negentropía psiquica, autoconfianza, autocontrol, orientación autotélica, conciencia autocrítica, organización, flexibilidad, integridad, iniciativa, afán de logro, optimismo realista, espíritu de comunidad, intuición...
Habilidades sociales
Comunicación, empatía, liderazgo, colaboración, conciencia organizacional, solución de conflictos, didacticismo, catálisis de cambios, influencia, gestión de la diversidad, orientación al servicio, formulación de feedback...
Ustedes, en cada una de sus organizaciones, pueden completar las listas; pero deberíamos interpretar igualmente estas competencias, sin desdibujarlas. Lo que quería someter a su consideración es la necesidad de abordar el cultivo o desarrollo de estos rasgos, en vez de quedarnos en los clásicos seminarios de presentaciones, reuniones, trabajo en equipo... Para mayor preocupación, hay también cursos on line, de apenas una hora de duración, que también prometen enseñar a hacer presentaciones eficaces, a negociar con éxito, etc. Pero vayamos ya al por qué asistimos a los cursos que organizan las áreas de Recursos Humanos.
José Enebral Fernández www.winred.com |